domingo, 21 de octubre de 2012

30 AÑOS DE NUESTRO PREMIO NOBEL DE LITERATURA


Un jueves 21 de octubre de 1982, a sus 55 años, Gabriel García Márquez recibió la noticia del Premio Nobel en su casa y solo. Inmediatamente, sin poder asimilarla, corrió en búsqueda de su gran amigo Álvaro Mutis quien al verlo pálido y temblando le preguntó:
-¿Qué te pasa hermano?
-Necesito que me escondas en tu casa -murmuró el novelista.
-¿Y esa vaina? -se extrañó Mutis-. Ya sé: peleaste con Mercedes.
-Peor, hermano -dijo desconsolado García Márquez-. Me acaban de dar el Premio Nobel.

Este premio, que le cambiaría su vida, dejó a Gabo en casa de su amigo mientras asimilaba la noticia. Mes y medio más tarde recibía en Estocolmo el PREMIO NOBEL DE LITERATURA con un gran acompañamiento de compatriotas y vestido de un liquiliqui de lino blanco y una flor amarilla sobre su pecho. Extraña vestimenta que comulgó con su estilo de escritor latinoamericano creador de un universo propio, el mundo de Macondo –un pueblo inventado por él- donde se aglutina lo milagroso y lo real, la fantasía y los hechos concretos que nacen de un ámbito oprimido, víctima de numerosos vasallajes e incontables angustias y alucinaciones.


No era la primera vez que un escritor de este lado del planeta recibía este premio. Ya antes Gabriela Mistral (1945), Miguel Ángel Asturias (1967) y Pablo Neruda (1971) habían tenido esta oportunidad, pero no disponían de la cantidad de lectores y de la abundante crítica como nuestro Nobel. “Por primera vez se ha dado un premio literario justo” fueron las palabras de Juan Rulfo, mientras Jorge Luis Borges hacía alusión a una de las obras más grandes de todos los tiempos: Cien años de soledad. Por su parte, la Academia Sueca daba su reconocimiento a su fecunda obra que exhibía “un compromiso político del lado de los pobres y débiles contra la opresión nacional y la explotación extranjera en América Latina” y en especial hacía alusión a la mencionada novela que ha tenido millones de ejemplares en muchos idiomas. 

Este colombiano galardonado con el premio más famoso de la literatura nos suscitó lágrimas y sonrisas y cambió para siempre la historia y la cultura de América Latina. A los 17 años descubrió que iba a ser escritor cuando Kafka quien contaba cosas semejantes a las de su abuela narró en su Metamorfosis hechos semejantes a lo que él quería expresar. Actualmente, a sus 85 años, hay rumores sobre su estado de salud que parece afectado por un proceso demencial. Sus amigos y fieles lectores nos contentamos con saber que sus letras y su talento creativo quedarán por siempre inmersos en esta realidad fantástica donde navega su universo literario, realmente único.




"La novela hispanoamericana no salió verdaderamente al mundo hasta pasada la segunda mitad de la década de los sesenta, a partir del triunfo escandalosamente sin precedentes de Cien años de soledad”. José Donoso

viernes, 28 de septiembre de 2012

PERSONAS SOLAS, SIN MIEDO A LA SOLEDAD


La mayoría de las personas que viven solas, hoy en día, lo hacen por convicción y porque les gusta, no como única opción o por necesidad. De manera que el problema de estar solo y aislado pasa a un segundo plano. Quienes lo hacen entran al grupo que ya posee una marca de distinción pues esta decisión muestra a personas satisfechas de la vida, sin ataduras, que lo tienen todo y pueden pagar esta forma de vivir. Es así como la independencia económica pospone y aleja los planes de matrimonio, que ya no son prioritarios y centran su interés en cultivar el espacio individual.

La sociedad de consumo les da las herramientas para aprender a manejar su soledad pues no dejan de asistir a clases semanales, ir a los cursos de su interés y a las conferencias sobre todos los temas que se programan, y tener todo lo que necesitan a la vuelta de la esquina (lavandería, restaurante, tienda, café, gimnasio, centros comerciales...). Además estas personas llevan una vida social activa que no interfiere con su espacio individual. Van al trabajo, acuden a reuniones sociales, frecuentan los chats, tienen sus blogs, intercambian ideas a través de cualquier medio y sobre todo, tienen el espacio para sumergirse en sí mismas. Consideran que vivir solas las provee de una especie de "soledad restaurativa" y comienzan a ser felices en la búsqueda de la reconexión con ellas mismas. Ven en la soledad a su mejor compañía. 

jueves, 30 de agosto de 2012

UN POETA DE LA PAZ Y DEL AMOR: FERNANDO MEJÍA MEJÍA

Desde el 27 de abril, se cumplieron 25 años de la muerte de este poeta caldense, nacido en Salamina. Sus biógrafos hablan de él como de un hombre transparente, tímido, cuidadoso de su proceder y concentrado en la lectura y el trabajo. Fue primo segundo de Álvaro Mutis y con él tuvo una estrecha correspondencia que lo llenó de nostalgias familiares, de recuerdos de su tierra y sobre todo de poemas. Admirado por Neruda con quien pudo departir un buen tiempo de su visita a Manizales y quien le expresó: "La poesía es siempre un acto de paz". Puede decirse que este poeta le cantó a la paz; también al encanto, al desencanto y al amor.

PAZ

Paz es tener el pan sobre la mesa
y el lecho tibio hasta la madrugada;
paz es tener la voz esperanzada
en todo lo que acaba y lo que empieza.

Paz es tener en todo la certeza
y la palabra desamordazada;
paz es tener la vida desbordada
sobre el amor, la lumbre y la belleza.

Paz es tener la libertad segura,
sabiendo que en los campos el labriego
tiene la vida; ¡no la sepultura!

Paz es tener la patria liberada
del hambre, el crimen y el desasosiego,
y sólo por el pueblo custodiada.

Manizales, junio 14 de 1978

jueves, 10 de mayo de 2012

EL RUIDO DE LAS COSAS AL CAER de Juan Gabriel Vásquez

"Hay un ruido que no logro, que nunca he logrado identificar: un ruido que no es humano o es más que humano, el ruido de las vidas que se extinguen pero también el ruido de los materiales que se rompen. Es el ruido de las cosas al caer desde la altura, un ruido interrumpido y por lo mismo eterno, un ruido que no termina nunca, que sigue sonando en mi cabeza desde esa tarde y no da señales de querer irse, que está siempre suspendido en mi memoria, colgado en ella como una toalla en su percha".
Es dura la mirada de los ausentes y más dura aún cuando su muerte ha estado acompañada de un ruido que es difícil borrar de la memoria. Porque cuando las cosas caen y producen la destrucción final sólo queda la terrible sensación de ese instante que busca una explicación para atar los recuerdos e intentar sobrevivir, así duela, así cueste seguir adelante. Y hay que hacerlo, pues a pesar de las señales de tristeza y destrucción, queda aún una esperanza en quienes sobreviven.
Eso es lo que hace Antonio Yammara, un profesor de Derecho, que debe abandonar a su compañera e hija, para seguir la historia de Ricardo Laverde. Una historia que le dejó huellas profundas, en su alma y en su cuerpo, pues compartió con él la tragedia de su asesinato. Por eso le resulta imposible negarse al llamado de Maya Fritts, la hija de Laverde y de Elena Fritts, para recoger los recuerdos de ambos y armar la historia completa de esta familia, marcada por la violencia del narcotráfico de los años 80 y 90 en Colombia. Muchas imágenes se hacen presentes, desde la llegada de Elena Fritts a Bogotá como integrante de los Cuerpos de Paz en 1968 hasta su matrimonio y trabajo en La Dorada a donde llegó a prestar sus servicios a la comunidad del Valle del Magdalena. Allí nació Maya Fritts y allí llegó con frecuencia su padre, Ricardo Laverde, un hábil piloto de aviones Cessna que logró hacerse rico con el negocio de la marihuana. No cuesta imaginar el final de esta tarea en manos de agentes de la DEA, aunque es difícil pensar en el rumbo de esta familia que termina desintegrada; con una madre volando desde el extranjero para reencontrarse con quien fue su esposo hace más de 19 años, con un expresidiario que anhela infinitamente este encuentro, y con una hija solitaria que intenta armar su verdadera historia. Y es Antonio su única ayuda, un habitante bogotano perteneciente a esta generación sin nombre, quien debe dar vía libre a las vivencias que condicionaron buena parte de la población colombiana y que dejaron un sabor amargo en la historia del país.

Quienes recordamos esta época dolorosa del narcotráfico, que marcó a toda una generación y fue seguida por otros males que continúan desangrando nuestra patria, entendemos el miedo, la desolación y la asfixia que dejó sin aire a muchos colombianos que debieron sobreponerse para continuar su rumbo. Así parezcan extraños como la imagen repetida del hipopótamo en la hacienda Nápoles muchos años después, así repitan su duelo con la grabación de la caja negra del American Airlines cuando choca contra el cerro El Diluvio en 1996, así sigan sonando en la memoria nombres inolvidables de la historia del país que fueron sacrificados sin piedad por el más grande narcotraficante de todos los tiempos. Duele contarlo, pero valió la pena hacerlo como lo hace Juan Gabriel Vásquez. Una novela a base de recuerdos, para producir menos dolor, y con una excelente composición hecha por una mano maestra que la hizo merecedora al honroso premio Alfaguara 2010. LVV

“La experiencia, eso que llamamos experiencia, no es el inventario de nuestros dolores, sino la simpatía aprendida de los dolores ajenos”.
“Es dura la mirada de los ausentes”

domingo, 4 de marzo de 2012

LA PUERTA de Magda Szabó

Resulta perturbador llegar a la puerta de quien nos impide acercarnos con una barrera saturada de dudas y prevenciones. Nada fácil penetrar en ese lugar que esconde con pudor una gran soledad y una vida llena de miseria. Es comprensible, entonces, no insistir para no dar paso a un dolor mayor. Sin embargo, como gatos sigilosos hemos podido emitir nuestro ronroneo al abrir y cerrar de esa puerta. Una puerta que por instantes y en medio del silencio imperceptible nos deja hoy al descubierto un nombre de mujer: EMERENC.

                   “Emerenc ejercía la bondad sin estar sujeta a disciplinas,
 despilfarraba su generosidad sin medida
y solo dejaba entrever su soledad a otros seres abandonados”.

“Emerenc no quería vivir más,
 porque entre todos habíamos derribado los soportes
que habían sostenido su existencia
y el aura mítica que la envolvía”.

¿Cómo no conocer su mundo? ¿Cómo no acercarnos a esta persona que durante 20 años sirvió en una casa de profesionales jóvenes en las afueras de Budapest? ¿Cómo no ser testigos de una vida de servicio a una comunidad que siempre confió en su ayuda, aún en medio de las limitaciones? ¿Cómo entender sus arrebatos de dominio, sus críticas desatadas, su extrema seriedad? Emerenc, aquella mujer que trabajó sin propinas y sin amistad con nadie; que amó a Viola, su perro y compartió con él todos sus secretos; que dio muestras de cariño a sus conocidos; que odió la lectura, la intelectualidad, la religiosidad, la burguesía; que soñó con reunir a toda su familia en una lujosa cripta; que se mostró incansable en sus labores diarias; que perdonó las ofensas amorosas de sus pretendientes; que se desvinculó de sus raíces familiares y siempre estuvo dispuesta a no abrirle la puerta a nadie. A nadie. Sólo a la escritora, a esa mujer valiente y generosa que supo ganarse su cariño y su confianza, a costa de callar y perdonar sus marcados enojos. Magda, Magduska, fue fiel a su promesa de guardar su secreto hasta que la enfermedad de Emerenc la llevó a traspasar ese umbral prohibido. Ya nada podrá salvarla de las acusaciones de Emerenc, ni del descubrimiento del estado indeseable de ella, ni mucho menos de sus propias culpas y remordimientos. Ahora solo queda cerrar la puerta e intentar digerir lo vivido. Muchos sentimientos contradictorios debemos soportar, pero valió la pena el esfuerzo por hacer frente a este duelo psicológico narrado en una prosa que atrapa y conquista. Todo un tratado sobre las  relaciones humanas y una búsqueda de acercamiento entre la intelectualidad y la sencillez, entre la rudeza y la ternura del amor, entre la realidad y la fantasía en la vida de la escritora Magda Szabó. LVV

"Toda relación afectiva nos hace vulnerables ante el sufrimiento
y cuanto más lazos de este tipo establezcamos en la vida,
más flancos débiles tenemos"
Schopenhauer

sábado, 11 de febrero de 2012

EL CUENTO QUE NUNCA SE ESCRIBIÓ por Isidoro Blaisten

En una aldea de pescadores había un mentiroso. Todas las tardes, al crepúsculo, se iba a la orilla del mar, se quedaba sentado largas horas, a la noche, iba a la taberna y contaba lo que había visto. Entre cerveza y humo, los otros pescadores lo esperaban ansiosos. "¿Qué has visto hoy? Cuenta, cuenta". "Vi que desde el fondo del mar surgía una sirena." Otra noche contaba: "Su cola era tornasolada y su cabellera resplandeciente". Otra noche contaba que la sirena venía hacia él por una estela de oro. Los parroquianos reían. Una tarde, el hombre tardó más de lo acostumbrado. Bien entrado el crepúsculo, se había quedado mirando el mar. De pronto, el mar se abrió y por una estela de oro surgió una sirena de cola tornasolada y cabellera resplandeciente. El hombre se espantó. Quiso escapar pero la sirena le habló, lo tranquilizó con su voz, le acarició el pelo y suavemente desapareció. Esa noche, cuando el hombre fue a la taberna, los parroquianos le dijeron: "!Como has tardado! Cuéntanos, ¿qué has visto hoy? ¿Qué has visto?" Mirando para abajo, el hombre contestó: "Nada".

martes, 7 de febrero de 2012

JUVENTUD de J. M. Coetzee


“Puede que Londres sea glacial, laberíntica y fría, pero tras sus muros intimidatorios hombres y mujeres trabajan escribiendo libros, pintando cuadros, componiendo música”.

Así se acerca Coetzee a Londres esperando encontrar un lugar que lo aleje de Ciudad del Cabo y de su familia y por supuesto, que lo acerque a su sueño de consagrarse al arte. No quiere ataduras a su pasado ni nada que le recuerde a su país y a su madre; sin embargo siguen aferrados a él, como su más cruel realidad que se empeña en esconder. Intenta demostrar que “todo hombre es una isla que no necesita padres” y en ese intento transcurre su juventud. En Londres se muere de frío, de tristeza y soledad. Encuentra un trabajo que lo absorbe, dedicando la mayor parte de su tiempo a los computadores, lo que le roba todo su interés por la literatura, el cine, la pintura y la música. Así su deseo de crecer y de formarse como artista no encuentra salida, a pesar de sus intentos de escribir poesía y cuentos, de sus visitas a museos y teatros, y de sus variadas lecturas. Sueña también con encontrar a quien amar y las pocas mujeres que pasan por su vida no tocan su alma. En la búsqueda de una mujer perfecta, de una francesa soñada, solo encuentra momentos cargados de angustia y una parálisis en su trabajo. “¿Qué está haciendo en esta inmensa ciudad fría donde el mero hecho de seguir vivo significa mantenerse en tensión todo el tiempo, intentando no hundirse?” Difícil encontrar allí una luz clara que le arrebate su necesidad de sobrevivir, sus ataques de pánico, su temor al fracaso. El destino no llega aún, todavía tiene frente a él las páginas en blanco y es lejana la imagen de la mujer que anhela. Es un programador de 24 años y siente la urgencia de cambiar de trabajo para salvarse de la derrota. De lo contrario, su vida peligra.

Una obra íntima que nos acerca con dolor y, a veces, con desesperación a la vida de este personaje. También con admiración por sobrevivir a sus múltiples dificultades personales, sociales y políticas de las que fue víctima en un ambiente donde ser sudafricano blanco, africaneer y residenciado en Londres de los años 60 era de por sí un verdadero calvario. Así, junto con Infancia tenemos un buen conocimiento de la autobiografía de Coetzee, una confesión hecha en tercera persona que, de alguna manera, nos aleja de sí mismo, pero le da más libertad a su obra. LVV

“Como Pound y Eliot, tiene que estar preparado para soportar todo lo que la vida le tenga reservado, incluso si significa el exilio, la labor no reconocida o el oprobio.
 Y si no supera el supremo examen del arte,
 si resulta que después de todo no está bendecido con el don,
también tiene que estar preparado para soportar eso:
el veredicto irrevocable de la historia, el destino de ser,
pese a todos los sufrimientos presentes y futuros, un artista menor.
Muchos son los llamados y pocos los elegidos”.

jueves, 19 de enero de 2012

INFANCIA de J. M. COETZEE


“Nada de lo que experimenta en Worcester, ya sea en casa o en el colegio, lo lleva a pensar que la infancia sea otra cosa que un tiempo en el que se aprietan los dientes y se aguanta”.
Difícil imaginar una infancia llena de soledad y rechazo, en una mente plena de riqueza y deseosa de descubrir el mundo. Cuesta observar un alma que comienza su vida en el encierro y está invadida por el desprecio a su mundo, dueña de una personalidad que termina en el 2003 con el Premio Nobel de Literatura en sus manos. Coetzee, es el autor y el protagonista de estas líneas cargadas de desconcierto, pero llenas de detalles sobre su mundo infantil. Podemos descubrir en ellas que contó con una madre sobreprotectora y valiente, que pudo amarla y odiarla al mismo tiempo, reconociendo en ella todo su potencial y su capacidad para luchar por él y su hermano, ante la presencia de un padre pasivo y poco diligente al que nunca quiso. Muchas son las vivencias que logra recrear Coetzee para mostrarnos su ir y venir de Worcester a Ciudad del Cabo, y para reflejar las múltiples contradicciones que formaron su mundo infantil. Culpa a su madre por no pegarle, ni castigarlo como sucede en las otras familias que lo rodean, y paradójicamente se estremece al pensar en su terrible respuesta si ello sucediera. Lo mismo pasa en el colegio donde siempre fue el primero y el alumno más listo y donde nunca fue castigado. “Si alguna vez lo llamaran para azotarlo, se produciría una escena tan humillante que nunca más podría regresar al colegio; no le quedaría más remedio que suicidarse”, al tiempo que expresa: “Nunca lo han azotado y se siente avergonzado por ello”. Contrastes que llevan al lector a pensar en la presencia de una doble vida.

Las imágenes de la infancia de Coetzee han quedado guardadas en este libro escrito en tercera persona con una gran sinceridad y elegancia. Algunas tan sutiles como el papel del caramelo que suelta por la ventana de un bus y lo deja volar hasta perderlo, o placenteras como la granja de su familia donde se siente a gusto y en especial con la presencia de su tío Son que es quien la trabaja, otras tan crueles como el dedo de su hermano triturado por una máquina por provocación suya, o cargadas de aversión como la visita a la tía Annie que está en el hospital con la cadera rota y no resiste la visión de sus uñas largas y negras, y muchas veces el recuerdo negativo de su padre, un abogado que lleva a la familia a la ruina e impone el dominio de su madre en el hogar. Y de todas ellas sobresale su desprecio por la gente nativa y de color, los afrikaners, “agresivos y amenazantes”, con quienes comparte en la escuela, pero siempre su mirada despectiva está sobre ellos. Estos y los ingleses se imponen en su vida escolar cuando se hizo más difícil su convivencia con personas de diferente color, religión y estatus social. Por fortuna, en su mundo se impone su gusto por la literatura y por los libros que se esfuerza por salvar de su desaparición.

“Lo han dejado a él solo con todos los pensamientos. ¿Cómo los guardará todos en la cabeza, todos los libros, toda la gente, todas las historias?  Y si él no los recuerda, ¿quién lo hará?”
Una obra autobiográfica que nos regala este sudafricano de 63 años y que son la base de sus producciones literarias. Queda entonces la invitación a leer Juventud y Verano para completar su trilogía y así darle continuidad a esta historia que conmueve, a la vez que ayuda a dar claridad a un personaje invadido por temores, dudas, desilusiones, sueños y deseos. Un personaje que se atreve a hacernos cómplice de sus vivencias. LVV