domingo, 26 de mayo de 2013

LO QUE NO TIENE NOMBRE de Piedad Bonnett

“El dolor se apacigua al ser compartido con otros”
Parece comprensible la búsqueda de un desahogo diferente al de las lágrimas, y es a través de las palabras.  Son ellas el instrumento útil para abrir y cerrar las heridas, para atrapar en la memoria las vivencias de los seres ausentes, para retenerlos con una expresión móvil llena de recuerdos que no mueren. Así duela, así su autora, la escritora colombiana Piedad Bonnett, una madre valiente y generosa, se acerque a ese estado desconocido para muchos que raya con el delirio y la desesperación. Lo hace a la manera de un segundo parto, como ella misma lo dice, con dolor –un inconmensurable dolor-, pero también con satisfacción porque permite el cambio de la relación de su hijo con el mundo. Una manera especial de ayudarlo a encontrar la paz que no tuvo durante los últimos años de su vida, a pesar de que “Daniel no saltó, sino que voló en busca de su única posible libertad”.
Quizás resulte más fácil captar su dolor cuando se tiene un hijo de la misma edad que también está lejos del país buscando su crecimiento intelectual, cuando nos separan dos o tres años de vida, y cuando se es mujer y se está cerca de la literatura (en mi caso como lectora). Y no fue fácil. En tres tiempos abordé su lectura para poder digerir esta historia que conmueve y nos acerca a una realidad que parece lejana, pero que sentimos cerca por la sinceridad y el corazón de madre plasmados en cada una de sus páginas. Difícil para la escritora aceptar la enfermedad de su hijo, y más difícil aún su muerte que llega como una ráfaga asesina asestando el más duro golpe jamás vivido.
“¡Cómo iba a morirse alguien que estaba tan vivo!
¡Cómo iba a morirse él, que adoraba a Nueva York, y el parque con el sol y los conciertos y las mujeres bonitas!” 

Era necesario revivir los momentos cargados de gloria y de desesperación de un hijo inteligente, reflexivo, con sentido crítico, creativo, dedicado a su arte y a sus estudios, a esa lucha por un futuro digno, acorde a sus ideales. 

Era necesario rescatar los sentimientos de madre que conoce y confía en las capacidades de su hijo y espera el día en que sus sueños levanten vuelo porque han conquistado lo que tanto han luchado.
Era necesario auscultar en el mal de Daniel y llamar por su nombre a una enfermedad que a pesar de los avances de la ciencia choca aún en la mente de los especialistas, incapaces de acercarse a ella de manera adecuada.
Era necesario “lidiar con las palabras para tratar de bucear en el fondo de su mente, de sacudir el agua empozada buscando, no la verdad que no existe, sino que los rostros que tuvo en vida aparezcan en los reflejos vacilantes de la oscura superficie”.
Era necesario acercarse a su dolor y tratar de exorcizar el fantasma de su soledad y de la incomprensión de “esta tragedia brutal, intempestiva y aparentemente absurda”.
Era necesario finalmente levantar ese fantasma para dialogar con él e intentar darle un nombre, aunque no lo consiga. LVV

http://www.semana.com/cultura/articulo/vivir-duelo/336873-3

miércoles, 15 de mayo de 2013

EL LIBRO DE MI MADRE de Albert Cohen


"Amor de mi madre, nunca más. Yace en su cuna definitiva, la bienhechora, la dulce pródiga. Nunca más estará aquí para reñirme si me imagino cosas. Nunca más para alimentarme, para darme la vida, para darme a luz cada día. Nunca más para hacerme compañía mientras me afeito o mientras como, vigilándome, pasiva pero atenta centinela, intentando adivinar si de veras me gustan esos rombos de nuez que me ha preparado. Nunca más me dirás que no coma tan aprisa. Me encantaba que me tratase como a un niño".
 
 
 Dos personas tocaron las páginas de este libro e incursionaron en su lectura, mientras mis ojos y mi mente, lograban pegarlo a mis manos. No fue fácil. Los comentarios previos de quienes se acercaron a él, no fueron muy complacientes. Mi sobrina, de 17 años, lo rechazó una vez terminada la segunda página con el argumento de encontrar molesto el relato sobre una madre muerta. Igualmente, mi amiga, de 62 años, lo soportó unas horas mientras me esperaba en una cita, pero le fastidió demasiado el tema repetitivo de la ausencia de la madre, y el no poder avanzar en su lectura. En cambio yo lo terminé. Triste, muy triste el relato. Pesado, muy lentos los acontecimientos. Sin embargo, pude descubrir la razón de este dolor. El dolor de un hijo por la muerte de su madre, un dolor que sabe a pesadumbre y arrepentimiento, un dolor que se prolonga por la desdicha de su ausencia.

Imposible recuperar a su madre y rehacer con ella los momentos que la tuvo cerca. Imposible también manifestarle su amor y abrir las puertas a una relación que careció de completa entrega. Nada podrá regresarla a la vida. Ni la entrega desmedida de ella a la maternidad, esa locura de afecto que siempre regaló a su hijo, sin importarle sus desplantes. Así la espere tras la puerta, ya no aparecerá, ni será su sombra para guardar todas sus locuras y debilidades. Siempre sabrá que no fue sincero en su amor a ella, que muchas veces acudió a sus llamados por obligación y retardó sus encuentros por otras citas más tentadoras. Infancia y juventud son perdonados. ¿Y qué decir cuándo se hizo grande y de nuevo falló? Entonces, vale la pena este relato, a modo de reivindicación. Como también es válido el incursionar en este tipo de literatura florida y casi barroca como la que nos presenta Cohen. LVV
"¿Quién duerme?, pregunta mi pluma.
 ¿Quién duerme, sino mi madre eternamente, quién duerme sino mi madre que es mi dolor?"


martes, 23 de abril de 2013

LEER PARA VIVIR

Leer para vivir

La literatura es un mundo que nos permite volar, entender la historia, las artes, la vida. Un universo en el que podemos aprender, divertirnos, soñar y sentirnos menos solos. Seguramente si descontáramos de nuestro bagaje emocional e intelectual todos los libros que hemos leídos, seríamos mucho menos nosotros mismos. Se nos restarían muchos años y sensaciones. Y es que la lectura es mucho más que un pasatiempo, es una forma de acercarte al mundo y de comprenderlo. Quienes leemos sabemos que aquello que nos permiten los libros no podemos obtenerlo de ningún otro modo.
 
“Leer para vivir” porque los libros son esos compañeros perennes que siempre estarán ahí junto a nosotros; porque una vez leídos, se vienen con nosotros, a vivir nuestra existencia.

viernes, 19 de abril de 2013

EL OLVIDO QUE SEREMOS de Héctor Abad Faciolince

“La memoria es un espejo opaco y vuelto añicos, o, mejor dicho, está hecha de intemporales conchas de recuerdos desperdigados sobre una playa de olvidos”.
 
 
“Cuando uno lleva por dentro una tristeza sin límites, morirse ya no es grave”.
“Siempre me ha parecido que los despiadados carecen de imaginación literaria –esa capacidad que nos dan las grandes novelas de meternos en la piel de otros-, y son incapaces de ver que la vida da muchas vueltas y que el lugar del otro, en un momento dado, lo podríamos estar ocupando nosotros: en dolor, pobreza, opresión, injusticia, tortura”.

Tarea difícil la de luchar contra el olvido. Un olvido que se justifica por la calidad de seres finitos que somos, la clara realidad de que estamos condenados a morir. Y morir significa desaparecer y ser olvidado. Sin embargo, en este caso, la vida ha sido capaz de triunfar y de vencer los odios ante la desaparición violenta de un padre grande y de un colombiano valiente que entregó su vida por un país que no se cansa de soñar con la paz. Es la tarea de este “memorial de agravios” que nos toca el alma y ayuda a grabar en la memoria  una historia que continúa repitiéndose, pues no ha llegado a su fin.

Hector Abad Faciolince nos permite entrar en su vida y en la de su familia, en su pensamiento y en su corazón, en su presente y en su pasado. Nos regala los mejores recuerdos de su vida familiar, que seguramente muchos  pudimos compartir con el mayor afecto y rememorar momentos de nuestra infancia y adolescencia en el seno de un hogar donde también existió un padre grande y generoso, una madre fuerte y luchadora, y un buen número de hermanos que ayudaron a forjar un futuro con dificultades, pero con inmensos retos.

Leerlo es conocer cada uno de las personas, momentos, y situaciones que lo formaron como ciudadano, como escritor y como hijo, ferviente admirador de su padre, el médico y profesor universitario Héctor Abad Gómez. Increíble la tolerancia de éste, la comprensión y el apoyo sin límites que le brindó a su familia. Ningún padre podría parecérsele. Ninguno con sus capacidades, su coraje frente a la adversidad y su entrega desmedida a una causa ajena a su condición social, pero cercana a su esencia de hombre con ideales de patria en sus venas.

Y también tuvimos que sufrir su angustia y su dolor a través de esta novela. La Colombia de antes, la de ahora y quizás la del futuro no merecen su sacrificio. Bajo su cielo, cargado de nubes negras, tejió una lucha contra la injusticia social y contra la violencia que muchas veces su hijo asemejó a “dar alaridos en el desierto”.  Nunca lo callaron  las desapariciones, las torturas, las protestas reprimidas con sangre, los secuestros y los asesinatos. Siempre luchó por una sociedad más justa, lejos de la pobreza y de la miseria, y por encontrar condiciones mínimas de subsistencia para los menos favorecidos. Su desmedido amor a la familia, al arte y a la justicia no fueron suficientes para cambiar esta historia. Conmovedora hasta las lágrimas. LVV 
“Son necesarios el conocimiento, la sabiduría y la bondad para enseñar a otros hombres”.
 
"Se justifica vivir si el mundo es un poco mejor, cuando uno muera, como resultado de su trabajo y esfuerzo”.
“Debemos trabajar para el presente y parael futuro, y esto nos traerá mayor goce que el disfrute de los bienes materiales. Saber que estamos contribuyendo a hacer un mundo mejor, debe ser la máxima de las aspiraciones humanas”. 
                                                  “… la única venganza, el único recuerdo, y también, la única posibilidad de olvido y de perdón, consiste en contar lo que pasó, y nada más”.

lunes, 18 de febrero de 2013

"ESTAMBUL Ciudad y recuerdos" de ORHAN PAMUK


Amor y desamor destila Pamuk a través de sus palabras en la novela ESTAMBUL. Todas sus vivencias y recuerdos ligados a esta ciudad que lo vio nacer, crecer y desarrollar su mundo juvenil están cargados de una sombra de tristeza y soledad, pero también de un afecto indescriptible por ella. Así, a través de la descripción de su hogar, su familia, sus amigos, su colegio y su entorno percibimos una sombra que lo envuelve con toda la riqueza que lo rodea y también con la pobreza y miseria que no lo dejan libre. Porque muchas personas, lugares y situaciones encuentran espacio a través de sus palabras, y es él quien les da el color y la textura que percibe de diferentes modos. Al final podemos decir que nos describe una ciudad llena de encanto y misterio, una ciudad para extranjeros que encuentran “exótico” su pasado, una ciudad que ve con amargura porque “le cuesta liberarse de su pobreza y su miseria”, una ciudad que acepta con “resignación y orgullo”, una ciudad oscura.



“¿Por qué amaba no los paisajes de Estambul que les gustan a los turistas y que se imprimen en las postales, todo sol y rosas, sino los callejones sombríos, las tardes, las frías noches de invierno, la gente medio en penumbra que apenas se aprecia bajo la pálida luz de las farolas y las imágenes de las calles adoquinadas que ya iba olvidando todo el mundo y la soledad de la ciudad?”



Orham Pamuk nace en una familia acomodada, con muchos rasgos de las otomanas estambulíes, y comparte su hogar con sus padres y su hermano mayor. Difícil para él competir con su hermano por el amor de su madre, y más aún por el cariño de su padre, un hombre “satisfecho con la vida y consigo mismo”, pero con frecuencia alejado del hogar. Contó con el cariño y la compañía de toda la familia Pamuk que habitaba el edificio del mismo nombre y también fue testigo de todas sus peleas y desavenencias. Muy protegido y cuidado por su madre y abuela quien dio a sus nietos el nombre de los sultanes de los años gloriosos de la fundación del Estado otomano. Compartió con él el gusto por la lectura y vaticinó que su nieto tendría algún día mucho éxito en la vida hasta lograr que “el nombre de la familia Pamuk se escuchara con respeto”. Por su parte, su madre -que fue su cómplice en su entrega desmedida a la pintura- vivió con temor su posible dedicación a este arte en el futuro e hizo votos para que terminara su carrera de arquitectura y se dedicara a ella o a otro negocio semejante. 



“Tú también sabes que en este país nadie puede ganarse la vida con sus cuadros. Tendrás que arrastrarte, te despreciarán, te humillarán y te pasarás la vida acomplejado, angustiado y lleno de suspicacias. ¿Te parece eso adecuado para alguien tan inteligente, guapo y lleno de vida como tú?”.




El gusto por el dibujo o “ese goce de crear algo de la nada” y que fuera aceptado por los suyos fue su primer contacto con el mundo creativo. Esa relación interminable con “el olor y la presencia del papel” y con una actividad que lo liberara del aburrimiento del presente y lo uniera a ese hábito placentero e infantil de refugiarse en la belleza de Estambul lo llevó a estar más cerca de su paisaje, del atractivo Bósforo con su embarcaciones, de sus calles y sus viejas mansiones. Los pintó y disfrutó de su trabajo. Más tarde y para sorpresa de todos fue cambiado ese placer por el de escribir. Un placer que termina regalándonos este bello retrato de su ciudad y de su vida en ella. LVV

domingo, 21 de octubre de 2012

30 AÑOS DE NUESTRO PREMIO NOBEL DE LITERATURA


Un jueves 21 de octubre de 1982, a sus 55 años, Gabriel García Márquez recibió la noticia del Premio Nobel en su casa y solo. Inmediatamente, sin poder asimilarla, corrió en búsqueda de su gran amigo Álvaro Mutis quien al verlo pálido y temblando le preguntó:
-¿Qué te pasa hermano?
-Necesito que me escondas en tu casa -murmuró el novelista.
-¿Y esa vaina? -se extrañó Mutis-. Ya sé: peleaste con Mercedes.
-Peor, hermano -dijo desconsolado García Márquez-. Me acaban de dar el Premio Nobel.

Este premio, que le cambiaría su vida, dejó a Gabo en casa de su amigo mientras asimilaba la noticia. Mes y medio más tarde recibía en Estocolmo el PREMIO NOBEL DE LITERATURA con un gran acompañamiento de compatriotas y vestido de un liquiliqui de lino blanco y una flor amarilla sobre su pecho. Extraña vestimenta que comulgó con su estilo de escritor latinoamericano creador de un universo propio, el mundo de Macondo –un pueblo inventado por él- donde se aglutina lo milagroso y lo real, la fantasía y los hechos concretos que nacen de un ámbito oprimido, víctima de numerosos vasallajes e incontables angustias y alucinaciones.


No era la primera vez que un escritor de este lado del planeta recibía este premio. Ya antes Gabriela Mistral (1945), Miguel Ángel Asturias (1967) y Pablo Neruda (1971) habían tenido esta oportunidad, pero no disponían de la cantidad de lectores y de la abundante crítica como nuestro Nobel. “Por primera vez se ha dado un premio literario justo” fueron las palabras de Juan Rulfo, mientras Jorge Luis Borges hacía alusión a una de las obras más grandes de todos los tiempos: Cien años de soledad. Por su parte, la Academia Sueca daba su reconocimiento a su fecunda obra que exhibía “un compromiso político del lado de los pobres y débiles contra la opresión nacional y la explotación extranjera en América Latina” y en especial hacía alusión a la mencionada novela que ha tenido millones de ejemplares en muchos idiomas. 

Este colombiano galardonado con el premio más famoso de la literatura nos suscitó lágrimas y sonrisas y cambió para siempre la historia y la cultura de América Latina. A los 17 años descubrió que iba a ser escritor cuando Kafka quien contaba cosas semejantes a las de su abuela narró en su Metamorfosis hechos semejantes a lo que él quería expresar. Actualmente, a sus 85 años, hay rumores sobre su estado de salud que parece afectado por un proceso demencial. Sus amigos y fieles lectores nos contentamos con saber que sus letras y su talento creativo quedarán por siempre inmersos en esta realidad fantástica donde navega su universo literario, realmente único.




"La novela hispanoamericana no salió verdaderamente al mundo hasta pasada la segunda mitad de la década de los sesenta, a partir del triunfo escandalosamente sin precedentes de Cien años de soledad”. José Donoso

viernes, 28 de septiembre de 2012

PERSONAS SOLAS, SIN MIEDO A LA SOLEDAD


La mayoría de las personas que viven solas, hoy en día, lo hacen por convicción y porque les gusta, no como única opción o por necesidad. De manera que el problema de estar solo y aislado pasa a un segundo plano. Quienes lo hacen entran al grupo que ya posee una marca de distinción pues esta decisión muestra a personas satisfechas de la vida, sin ataduras, que lo tienen todo y pueden pagar esta forma de vivir. Es así como la independencia económica pospone y aleja los planes de matrimonio, que ya no son prioritarios y centran su interés en cultivar el espacio individual.

La sociedad de consumo les da las herramientas para aprender a manejar su soledad pues no dejan de asistir a clases semanales, ir a los cursos de su interés y a las conferencias sobre todos los temas que se programan, y tener todo lo que necesitan a la vuelta de la esquina (lavandería, restaurante, tienda, café, gimnasio, centros comerciales...). Además estas personas llevan una vida social activa que no interfiere con su espacio individual. Van al trabajo, acuden a reuniones sociales, frecuentan los chats, tienen sus blogs, intercambian ideas a través de cualquier medio y sobre todo, tienen el espacio para sumergirse en sí mismas. Consideran que vivir solas las provee de una especie de "soledad restaurativa" y comienzan a ser felices en la búsqueda de la reconexión con ellas mismas. Ven en la soledad a su mejor compañía. 

jueves, 30 de agosto de 2012

UN POETA DE LA PAZ Y DEL AMOR: FERNANDO MEJÍA MEJÍA

Desde el 27 de abril, se cumplieron 25 años de la muerte de este poeta caldense, nacido en Salamina. Sus biógrafos hablan de él como de un hombre transparente, tímido, cuidadoso de su proceder y concentrado en la lectura y el trabajo. Fue primo segundo de Álvaro Mutis y con él tuvo una estrecha correspondencia que lo llenó de nostalgias familiares, de recuerdos de su tierra y sobre todo de poemas. Admirado por Neruda con quien pudo departir un buen tiempo de su visita a Manizales y quien le expresó: "La poesía es siempre un acto de paz". Puede decirse que este poeta le cantó a la paz; también al encanto, al desencanto y al amor.

PAZ

Paz es tener el pan sobre la mesa
y el lecho tibio hasta la madrugada;
paz es tener la voz esperanzada
en todo lo que acaba y lo que empieza.

Paz es tener en todo la certeza
y la palabra desamordazada;
paz es tener la vida desbordada
sobre el amor, la lumbre y la belleza.

Paz es tener la libertad segura,
sabiendo que en los campos el labriego
tiene la vida; ¡no la sepultura!

Paz es tener la patria liberada
del hambre, el crimen y el desasosiego,
y sólo por el pueblo custodiada.

Manizales, junio 14 de 1978

jueves, 10 de mayo de 2012

EL RUIDO DE LAS COSAS AL CAER de Juan Gabriel Vásquez

"Hay un ruido que no logro, que nunca he logrado identificar: un ruido que no es humano o es más que humano, el ruido de las vidas que se extinguen pero también el ruido de los materiales que se rompen. Es el ruido de las cosas al caer desde la altura, un ruido interrumpido y por lo mismo eterno, un ruido que no termina nunca, que sigue sonando en mi cabeza desde esa tarde y no da señales de querer irse, que está siempre suspendido en mi memoria, colgado en ella como una toalla en su percha".
Es dura la mirada de los ausentes y más dura aún cuando su muerte ha estado acompañada de un ruido que es difícil borrar de la memoria. Porque cuando las cosas caen y producen la destrucción final sólo queda la terrible sensación de ese instante que busca una explicación para atar los recuerdos e intentar sobrevivir, así duela, así cueste seguir adelante. Y hay que hacerlo, pues a pesar de las señales de tristeza y destrucción, queda aún una esperanza en quienes sobreviven.
Eso es lo que hace Antonio Yammara, un profesor de Derecho, que debe abandonar a su compañera e hija, para seguir la historia de Ricardo Laverde. Una historia que le dejó huellas profundas, en su alma y en su cuerpo, pues compartió con él la tragedia de su asesinato. Por eso le resulta imposible negarse al llamado de Maya Fritts, la hija de Laverde y de Elena Fritts, para recoger los recuerdos de ambos y armar la historia completa de esta familia, marcada por la violencia del narcotráfico de los años 80 y 90 en Colombia. Muchas imágenes se hacen presentes, desde la llegada de Elena Fritts a Bogotá como integrante de los Cuerpos de Paz en 1968 hasta su matrimonio y trabajo en La Dorada a donde llegó a prestar sus servicios a la comunidad del Valle del Magdalena. Allí nació Maya Fritts y allí llegó con frecuencia su padre, Ricardo Laverde, un hábil piloto de aviones Cessna que logró hacerse rico con el negocio de la marihuana. No cuesta imaginar el final de esta tarea en manos de agentes de la DEA, aunque es difícil pensar en el rumbo de esta familia que termina desintegrada; con una madre volando desde el extranjero para reencontrarse con quien fue su esposo hace más de 19 años, con un expresidiario que anhela infinitamente este encuentro, y con una hija solitaria que intenta armar su verdadera historia. Y es Antonio su única ayuda, un habitante bogotano perteneciente a esta generación sin nombre, quien debe dar vía libre a las vivencias que condicionaron buena parte de la población colombiana y que dejaron un sabor amargo en la historia del país.

Quienes recordamos esta época dolorosa del narcotráfico, que marcó a toda una generación y fue seguida por otros males que continúan desangrando nuestra patria, entendemos el miedo, la desolación y la asfixia que dejó sin aire a muchos colombianos que debieron sobreponerse para continuar su rumbo. Así parezcan extraños como la imagen repetida del hipopótamo en la hacienda Nápoles muchos años después, así repitan su duelo con la grabación de la caja negra del American Airlines cuando choca contra el cerro El Diluvio en 1996, así sigan sonando en la memoria nombres inolvidables de la historia del país que fueron sacrificados sin piedad por el más grande narcotraficante de todos los tiempos. Duele contarlo, pero valió la pena hacerlo como lo hace Juan Gabriel Vásquez. Una novela a base de recuerdos, para producir menos dolor, y con una excelente composición hecha por una mano maestra que la hizo merecedora al honroso premio Alfaguara 2010. LVV

“La experiencia, eso que llamamos experiencia, no es el inventario de nuestros dolores, sino la simpatía aprendida de los dolores ajenos”.
“Es dura la mirada de los ausentes”

miércoles, 7 de marzo de 2012

domingo, 4 de marzo de 2012

LA PUERTA de Magda Szabó

Resulta perturbador llegar a la puerta de quien nos impide acercarnos con una barrera saturada de dudas y prevenciones. Nada fácil penetrar en ese lugar que esconde con pudor una gran soledad y una vida llena de miseria. Es comprensible, entonces, no insistir para no dar paso a un dolor mayor. Sin embargo, como gatos sigilosos hemos podido emitir nuestro ronroneo al abrir y cerrar de esa puerta. Una puerta que por instantes y en medio del silencio imperceptible nos deja hoy al descubierto un nombre de mujer: EMERENC.

                   “Emerenc ejercía la bondad sin estar sujeta a disciplinas,
 despilfarraba su generosidad sin medida
y solo dejaba entrever su soledad a otros seres abandonados”.

“Emerenc no quería vivir más,
 porque entre todos habíamos derribado los soportes
que habían sostenido su existencia
y el aura mítica que la envolvía”.

¿Cómo no conocer su mundo? ¿Cómo no acercarnos a esta persona que durante 20 años sirvió en una casa de profesionales jóvenes en las afueras de Budapest? ¿Cómo no ser testigos de una vida de servicio a una comunidad que siempre confió en su ayuda, aún en medio de las limitaciones? ¿Cómo entender sus arrebatos de dominio, sus críticas desatadas, su extrema seriedad? Emerenc, aquella mujer que trabajó sin propinas y sin amistad con nadie; que amó a Viola, su perro y compartió con él todos sus secretos; que dio muestras de cariño a sus conocidos; que odió la lectura, la intelectualidad, la religiosidad, la burguesía; que soñó con reunir a toda su familia en una lujosa cripta; que se mostró incansable en sus labores diarias; que perdonó las ofensas amorosas de sus pretendientes; que se desvinculó de sus raíces familiares y siempre estuvo dispuesta a no abrirle la puerta a nadie. A nadie. Sólo a la escritora, a esa mujer valiente y generosa que supo ganarse su cariño y su confianza, a costa de callar y perdonar sus marcados enojos. Magda, Magduska, fue fiel a su promesa de guardar su secreto hasta que la enfermedad de Emerenc la llevó a traspasar ese umbral prohibido. Ya nada podrá salvarla de las acusaciones de Emerenc, ni del descubrimiento del estado indeseable de ella, ni mucho menos de sus propias culpas y remordimientos. Ahora solo queda cerrar la puerta e intentar digerir lo vivido. Muchos sentimientos contradictorios debemos soportar, pero valió la pena el esfuerzo por hacer frente a este duelo psicológico narrado en una prosa que atrapa y conquista. Todo un tratado sobre las  relaciones humanas y una búsqueda de acercamiento entre la intelectualidad y la sencillez, entre la rudeza y la ternura del amor, entre la realidad y la fantasía en la vida de la escritora Magda Szabó. LVV

"Toda relación afectiva nos hace vulnerables ante el sufrimiento
y cuanto más lazos de este tipo establezcamos en la vida,
más flancos débiles tenemos"
Schopenhauer

martes, 28 de febrero de 2012

sábado, 11 de febrero de 2012

EL CUENTO QUE NUNCA SE ESCRIBIÓ por Isidoro Blaisten

En una aldea de pescadores había un mentiroso. Todas las tardes, al crepúsculo, se iba a la orilla del mar, se quedaba sentado largas horas, a la noche, iba a la taberna y contaba lo que había visto. Entre cerveza y humo, los otros pescadores lo esperaban ansiosos. "¿Qué has visto hoy? Cuenta, cuenta". "Vi que desde el fondo del mar surgía una sirena." Otra noche contaba: "Su cola era tornasolada y su cabellera resplandeciente". Otra noche contaba que la sirena venía hacia él por una estela de oro. Los parroquianos reían. Una tarde, el hombre tardó más de lo acostumbrado. Bien entrado el crepúsculo, se había quedado mirando el mar. De pronto, el mar se abrió y por una estela de oro surgió una sirena de cola tornasolada y cabellera resplandeciente. El hombre se espantó. Quiso escapar pero la sirena le habló, lo tranquilizó con su voz, le acarició el pelo y suavemente desapareció. Esa noche, cuando el hombre fue a la taberna, los parroquianos le dijeron: "!Como has tardado! Cuéntanos, ¿qué has visto hoy? ¿Qué has visto?" Mirando para abajo, el hombre contestó: "Nada".

martes, 7 de febrero de 2012

JUVENTUD de J. M. Coetzee


“Puede que Londres sea glacial, laberíntica y fría, pero tras sus muros intimidatorios hombres y mujeres trabajan escribiendo libros, pintando cuadros, componiendo música”.

Así se acerca Coetzee a Londres esperando encontrar un lugar que lo aleje de Ciudad del Cabo y de su familia y por supuesto, que lo acerque a su sueño de consagrarse al arte. No quiere ataduras a su pasado ni nada que le recuerde a su país y a su madre; sin embargo siguen aferrados a él, como su más cruel realidad que se empeña en esconder. Intenta demostrar que “todo hombre es una isla que no necesita padres” y en ese intento transcurre su juventud. En Londres se muere de frío, de tristeza y soledad. Encuentra un trabajo que lo absorbe, dedicando la mayor parte de su tiempo a los computadores, lo que le roba todo su interés por la literatura, el cine, la pintura y la música. Así su deseo de crecer y de formarse como artista no encuentra salida, a pesar de sus intentos de escribir poesía y cuentos, de sus visitas a museos y teatros, y de sus variadas lecturas. Sueña también con encontrar a quien amar y las pocas mujeres que pasan por su vida no tocan su alma. En la búsqueda de una mujer perfecta, de una francesa soñada, solo encuentra momentos cargados de angustia y una parálisis en su trabajo. “¿Qué está haciendo en esta inmensa ciudad fría donde el mero hecho de seguir vivo significa mantenerse en tensión todo el tiempo, intentando no hundirse?” Difícil encontrar allí una luz clara que le arrebate su necesidad de sobrevivir, sus ataques de pánico, su temor al fracaso. El destino no llega aún, todavía tiene frente a él las páginas en blanco y es lejana la imagen de la mujer que anhela. Es un programador de 24 años y siente la urgencia de cambiar de trabajo para salvarse de la derrota. De lo contrario, su vida peligra.

Una obra íntima que nos acerca con dolor y, a veces, con desesperación a la vida de este personaje. También con admiración por sobrevivir a sus múltiples dificultades personales, sociales y políticas de las que fue víctima en un ambiente donde ser sudafricano blanco, africaneer y residenciado en Londres de los años 60 era de por sí un verdadero calvario. Así, junto con Infancia tenemos un buen conocimiento de la autobiografía de Coetzee, una confesión hecha en tercera persona que, de alguna manera, nos aleja de sí mismo, pero le da más libertad a su obra. LVV

“Como Pound y Eliot, tiene que estar preparado para soportar todo lo que la vida le tenga reservado, incluso si significa el exilio, la labor no reconocida o el oprobio.
 Y si no supera el supremo examen del arte,
 si resulta que después de todo no está bendecido con el don,
también tiene que estar preparado para soportar eso:
el veredicto irrevocable de la historia, el destino de ser,
pese a todos los sufrimientos presentes y futuros, un artista menor.
Muchos son los llamados y pocos los elegidos”.

jueves, 19 de enero de 2012

INFANCIA de J. M. COETZEE


“Nada de lo que experimenta en Worcester, ya sea en casa o en el colegio, lo lleva a pensar que la infancia sea otra cosa que un tiempo en el que se aprietan los dientes y se aguanta”.
Difícil imaginar una infancia llena de soledad y rechazo, en una mente plena de riqueza y deseosa de descubrir el mundo. Cuesta observar un alma que comienza su vida en el encierro y está invadida por el desprecio a su mundo, dueña de una personalidad que termina en el 2003 con el Premio Nobel de Literatura en sus manos. Coetzee, es el autor y el protagonista de estas líneas cargadas de desconcierto, pero llenas de detalles sobre su mundo infantil. Podemos descubrir en ellas que contó con una madre sobreprotectora y valiente, que pudo amarla y odiarla al mismo tiempo, reconociendo en ella todo su potencial y su capacidad para luchar por él y su hermano, ante la presencia de un padre pasivo y poco diligente al que nunca quiso. Muchas son las vivencias que logra recrear Coetzee para mostrarnos su ir y venir de Worcester a Ciudad del Cabo, y para reflejar las múltiples contradicciones que formaron su mundo infantil. Culpa a su madre por no pegarle, ni castigarlo como sucede en las otras familias que lo rodean, y paradójicamente se estremece al pensar en su terrible respuesta si ello sucediera. Lo mismo pasa en el colegio donde siempre fue el primero y el alumno más listo y donde nunca fue castigado. “Si alguna vez lo llamaran para azotarlo, se produciría una escena tan humillante que nunca más podría regresar al colegio; no le quedaría más remedio que suicidarse”, al tiempo que expresa: “Nunca lo han azotado y se siente avergonzado por ello”. Contrastes que llevan al lector a pensar en la presencia de una doble vida.

Las imágenes de la infancia de Coetzee han quedado guardadas en este libro escrito en tercera persona con una gran sinceridad y elegancia. Algunas tan sutiles como el papel del caramelo que suelta por la ventana de un bus y lo deja volar hasta perderlo, o placenteras como la granja de su familia donde se siente a gusto y en especial con la presencia de su tío Son que es quien la trabaja, otras tan crueles como el dedo de su hermano triturado por una máquina por provocación suya, o cargadas de aversión como la visita a la tía Annie que está en el hospital con la cadera rota y no resiste la visión de sus uñas largas y negras, y muchas veces el recuerdo negativo de su padre, un abogado que lleva a la familia a la ruina e impone el dominio de su madre en el hogar. Y de todas ellas sobresale su desprecio por la gente nativa y de color, los afrikaners, “agresivos y amenazantes”, con quienes comparte en la escuela, pero siempre su mirada despectiva está sobre ellos. Estos y los ingleses se imponen en su vida escolar cuando se hizo más difícil su convivencia con personas de diferente color, religión y estatus social. Por fortuna, en su mundo se impone su gusto por la literatura y por los libros que se esfuerza por salvar de su desaparición.

“Lo han dejado a él solo con todos los pensamientos. ¿Cómo los guardará todos en la cabeza, todos los libros, toda la gente, todas las historias?  Y si él no los recuerda, ¿quién lo hará?”
Una obra autobiográfica que nos regala este sudafricano de 63 años y que son la base de sus producciones literarias. Queda entonces la invitación a leer Juventud y Verano para completar su trilogía y así darle continuidad a esta historia que conmueve, a la vez que ayuda a dar claridad a un personaje invadido por temores, dudas, desilusiones, sueños y deseos. Un personaje que se atreve a hacernos cómplice de sus vivencias. LVV

domingo, 11 de diciembre de 2011

Pamuk, Müller y Vargas Llosa describen el placer de la lectura

Publicado por Julián Pérez Porto en POEMAS DEL ALMA

La literatura es un arte apasionante donde entretenimiento y aprendizaje van de la mano. Sin embargo, no todas las personas saben apreciar los contenidos literarios ni manifiestan entusiasmo por la lectura. Quienes se mantienen alejados de los libros sostienen múltiples argumentos para intentar defender su desinterés cultural, pero lo cierto es que si no son lectores es porque no tienen las herramientas que les permitan tomar conciencia de lo importante que es consumir literatura.

Por esa razón, en esta oportunidad hemos decidido recoger algunas declaraciones recientes de personalidades afamadas del mundo de las letras para que sean estas figuras de renombre internacional las encargadas de explicar con sus propias palabras para qué sirve leer y qué beneficios trae la lectura. Si bien por desgano o por no querer asumir la realidad uno puede minimizar los mensajes a favor del disfrute literario, no se puede negar que el hábito de la lectura abre puertas en todos los órdenes de la vida. Quien sabe esto y, aún así, toma distancia de los libros es porque no desea progresar y mejorar día a día.
Orhan Pamuk, por ejemplo, supo ser un turco que aspiraba a triunfar como pintor hasta que sintió un profundo deseo de elaborar novelas. Escribió mucho, pero también leyó hasta cansarse. Hoy, según describe Revista Ñ, este Premio Nobel de Literatura está convencido de que leer y escribir proporciona una “enorme felicidad”.

"En mi juventud leía como un animal hambriento que se devoraba todo,
 sólo para tener una idea de lo que estaba pasando en el mundo.
Ahora, más tarde en la vida, leo más lento
y le presto atención a los detalles mínimos, pequeñas coincidencias;
 le presto más atención a objetos y colores.
Me importa mucho la relectura porque redescubro el libro,
pero también porque me doy cuento cuenta de cómo yo
 también he cambiado" confiesa el autor.

Esta sensación de reconocerse por medio de la lectura es compartida por su colega Herta Müller, la novelista, poetisa y ensayista rumano-alemana que ganó el Nobel de Literatura 2009.

"Desde niña me sentía sola y creía que, si leía podría entender mejor la vida.
Y cuando empecé a leer experimenté una unidad
y una belleza del lenguaje que me decían quién era yo.
La literatura me reconfortaba y me hacía resistir", ha asegurado ella.

En la misma sintonía que ellos se ha manifestado también Mario Vargas Llosa, el novelista peruano que conquistó el Premio Nobel el año pasado. De acuerdo a la cita publicada por Excelsior, él considera que al leer uno se prepara “para combatir la injusticia”.

"La literatura es un arma maravillosa que hemos encontrado para hacer
menos profunda e irreversible la injusticia" definió el talentoso escritor.

Si a todo esto le sumamos que la lectura estimula la imaginación, contribuye a la formación cultural, proporciona libertad e impide el aburrimiento de chicos y grandes, ¿cómo no convertir a los libros en nuestros aliados?

domingo, 2 de octubre de 2011

Momento más emotivo

En el discurso de MARIO VARGAS LLOSA al recibir el Premio Nobel de Literatura:

sábado, 1 de octubre de 2011

EL MUSEO DE LA INOCENCIA de Pamuk

¿Qué significado tiene un museo?
"Lo que aquella pregunta quería significar era que tras cada persona obsesionada con recopilar objetos y apilarlos en un rincón subyace un corazón roto, un problema profundo, una herida espiritual difícil de explicar".

Es una historia de amor que se detiene en el tiempo y hace del enamorado la persona que espera cada día a su amada, con una paciencia sin límites y un fervor indescriptible. Difícil entender el paso de los días, los meses y los años sin una mínima esperanza de conquistarla, pero con la fe puesta en lo imposible. Kemal Bey de 30 años, a punto de contraer matrimonio con Sibal -ambos pertenecientes a la burguesía-, conoce a Füsum de dieciocho, una parienta lejana y con menores recursos, y con ella vive un apasionado romance durante 67 días que terminará cuando se encuentran en su compromiso con Sibal. A partir de este momento, Füsum desaparece de la vida de Kemal quien empieza una búsqueda sin esperanzas que durará un año hasta que la encuentra casada y viviendo con sus padres. Durante este tiempo abandona a su prometida y desaparecen sus deseos de contraer matrimonio para entregarse a la tristeza y a la desesperanza. Al hallar nuevamente a Füsum no descansará durante siete años y diez meses visitando a sus padres día tras día, esperando el momento de reconquistarla y casarse con ella. Difícil este logro según lo percibe uno como lector de la obra, pero Kemal no perderá la confianza. Para ello va reuniendo objetos pertenecientes a Füsum y a su residencia, los que unirá a aquellos que recogió cuando la conoció y vivieron los mejores días, con la intención de hacer un museo y calmar con ellos sus ansias de tenerla. Deberá entonces esperar a que su amada se separe de su marido, abandone sus deseos de ser actriz y acepte finalmente convertirse en su esposa. ¿Lo logrará? Amerita entrar al museo y acompañarlo durante todas sus vivencias para descubrirlo.

“Aquellos objetos que se acumulaban sin parar se iban convirtiendo
lentamente en signos que revelaban la intensidad de mi amor.
A veces los miraba no como instrumentos de consuelo que me recordaban
las horas felices vividas con Füsum, sino como prolongaciones palpables
del huracán que soplaba en mi alma”.


“El auténtico dolor de amor se instala en el punto más esencial de nuestro ser,
 nos atrapa bien fuerte por nuestro punto más débil y,
uniéndose íntimamente a los demás dolores,
se disemina por nuestro cuerpo y nuestra vida de manera irreparable”.

Pamuk hace en esta obra todo un homenaje a su ciudad. Va a sus calles, sus almacenes, sus restaurantes, sus playas, sus barrios y sobre todo va a los lugares donde reside la clase media, para plantear las diferencias con la alta sociedad musulmana y con el modo de vivir de su protagonista Kemal Bey. En esta novela publicada después de ganar el Premio Nobel, Pamuk nos muestra todo lo que sucede en la ciudad de Estambul durante la década de los años 70-80, una época marcada por el acceso de Turquía a la modernidad y a Europa, y la violencia visible en las luchas políticas entre los partidos de derecha y de izquierda con eventuales golpes militares. De manera lenta y casi repetitiva nos relata una historia que transcurre al ritmo de la vida, a pasos rápidos en momentos de verdadera felicidad y demasiado calmada cuando se da una espera obsesiva, llena de melancolía, como sucede en la mayor parte de la obra. Sin embargo, y paradójicamente, no se detiene porque cada día alumbra una nueva esperanza enriquecida por una narrativa sensible, apasionada y llena de detalles con que nos atrae Pamuk. Así, a través de la variada repetición de hechos, lugares, personas y sentimientos nos muestra el alma de Kemal agobiada por la ausencia de su enamorada pero llena de ilusión en un final feliz. Es una de las novelas “más tiernas que conlleva más paciencia y respeto por la gente” y en la que también afirma Pamuk “para tener una verdadera relación amorosa, uno debería ser capaz de hablar sobre el amor mirando a los ojos del otro”. Un museo construido en homenaje a una de las más bellas historias de amor de la actualidad. Vale la pena la lectura de sus 641 páginas. LVV

jueves, 29 de septiembre de 2011

ORHAN PAMUK

Más que su obra, quiero hacer énfasis en al autor ORHAN PAMUK. Un nombre que antes de obtener el Premio Nobel de Literatura en el año 2006, ya lo escuchaba en labios de mi hijo con un fervor indescriptible y un apasionamiento grande por su vida y obra. Sólo hasta ahora puedo leerlo y el primer libro que llega a mis manos es EL MUSEO DE LA INOCENCIA.


“Escribo porque tengo la innata necesidad de escribir.
 Escribo porque no puedo hacer un trabajo normal como otras personas.
Escribo porque quiero leer libros como los que escribo. 
Escribo porque amo sentarme a escribir en un cuarto, todo el día.
Escribo porque sólo puedo tomar parte de la vida real cambiándola.
 Escribo porque quiero que todos los demás, todos nosotros, el mundo entero,
sepan qué clase de vida vivíamos y todavía seguimos viviendo en Estambul,
en Turquía.
 Escribo porque amo el olor del papel, del lapicero, de la tinta.
Escribo porque, más que en cualquier otra cosa, creo en la literatura,
en el arte de la novela.
Escribo porque es un vicio, una pasión.
Escribo porque tengo miedo de ser olvidado. 
Escribo para estar solo.Escribo porque me gusta que me lean.
Escribo porque una vez que he comenzado una novela, un ensayo,
 una página, quiero terminarlos.
Escribo porque tengo una devoción infantil por la inmortalidad de las bibliotecas
 y por la manera en que mis libros se asentarán en los estantes.
Escribo porque es emocionante verter en palabras todas las bellezas
y riquezas de la vida.
Escribo porque quiero escapar del presentimiento de que hay un lugar al que debo ir,
tal como en un sueño, y no puedo llegar allí del todo.
Escribo porque nunca he sabido ingeniármelas para ser feliz.
Y escribo para ser feliz".

Pamuk nació en Estambul en 1952, inició estudios de arquitectura y se graduó en periodismo para entregarse por completo a la literatura. Durante los años 1985 y 1988 vivió en Nueva York dedicado a la docencia en la Universidad de Columbia y regresó posteriormente a Estambul donde ahora es musulmán cultural. Sin embargo, antes de estabilizarse en su país tuvo problemas con la justicia ante la muerte de kurdos y armenios ya que reconoció el genocidio cometido por Turquía contra estos pueblos e hizo una crítica al silencio del gobierno sobre esta situación. Esto lo llevó a ser procesado en el año 2004 y a exiliarse en el extranjero. Se le reconoce como símbolo de la lucha de Turquía para formar parte de la Unión Europea. Su obra es considerada como uno de los fenómenos de la literatura en la actualidad ya que establece un vínculo cultural entre Oriente y Occidente a través de su prosa poética cargada de un fuerte compromiso social. Recibió gran influencia de su padre de quien heredó el gusto por la lectura y la escritura, y supo transmitirle su pasión por la literatura. De ahí que su discurso al recibir el Premio Nobel lo haya titulado La valija de mi padre, que concluyó así:

“Mi padre murió en diciembre de 2002.
Hoy, que estoy en pie frente a la Academia Sueca
 y sus distinguidos miembros que me han galardonado con este gran premio
 y sus distinguidos invitados, quisiera, con toda el alma,
que él pudiera estar entre nosotros”.

domingo, 11 de septiembre de 2011

HERMANN LEMA, otro poeta que dice adios

“En este tiempo antipoético, HERMANN LEMA es uno de los pocos
que puede mostrarnos la palabra convertida en milagro de creación,
sin alteraciones ni artificios que las desfiguren o la vistan de falsos ropajes.
Este poeta de asombrosos estremecimientos ha transitado
ásperos territorios donde lo ha sorprendido
el aullido tenebroso del dolor,
el misterio alucinante de la vida,
el rostro fugitivo del amor y
  la súbita presencia de la muerte”.
Fernando Mejía Mejía

CANCIÓN DESOLADA

Este abierto cansancio
que me llega de adentro.
Esta angustia infinita
que se riega en mi sangre.
Esta herida de aceite
que en mis manos se abre.
Este llanto de fuego
que se quema en mis labios.
Este croquis de angustia
que se marca en mi frente:
Es la sombra despierta
de un poema que duerme.
Es la azul quemadura
de una luz de septiembre.
Es clamor detenido
en abismos celestes.
Es una ausencia grabada
con un sello de muerte.


POEMA DEL INSTANTE FINAL

Es tiempo de partir.
de huir hacia el futuro es tiempo;
despleguemos la velas del pasado
y digamos adiós al viejo puerto.

No debemos llorar.
Nuestros destinos de atávica fortuna
muy lejos estarán en la alta noche
cuando navegue el barco de la luna.

Como vine me voy.
Siguiendo estelas de un sueño sin sentido,
me voy como los vientos, sin oídos,
me voy como los vientos,
sin regreso.

No quedará una huella de mi paso.
quizás, un verso que esculpió mi angustia,
seguirá como un eco en otros labios
describiendo mi sombra taciturna.


HERMANN LEMA abandonó este mundo siguiendo al pie de la letra sus palabras. No mostró temor al emprender este viaje el pasado 11 de junio, puesto que siempre supo degustar el color y el aroma de este momento. Sólo que no pudo despedirse en el lugar que siempre soñó, en su biblioteca, donde habitó los mejores momentos de su vida y donde pudo recrear sus temas favoritos como la angustia, la soledad, el dolor y la muerte que le valieron el título de "poeta existencial". Su enfermedad lo condujo a un paraje intermedio donde encontró las velas abiertas para iniciar su viaje, pues allí en la clínica, con el mar en calma, pudo decir adiós e iniciar su viaje de retorno.