domingo, 11 de junio de 2017

DESPEDIDA QUE NO CESA de Wolfgang Hermann


“Fue mi hijo, el ser más bello, más necesitado de protección, visitante venido de la estrella remota de la unión entre el hombre y la mujer, el que me hizo hombre”.

“Sólo queda el recuerdo, la memoria, el espacio interior que nadie puede quitarme ¿Que nadie puede quitarme? ¿Acaso la irrupción de la catástrofe en mi vida no aplastó mi espacio interior? Vivo en un túnel de imágenes angustiosas e imborrables”.

“Dormía –no: caía en un pozo de angustia y horror- y yacía en vela”.

“La vida es un fluido. Es preciso contenerla para evitar que se escape”.

No cesa, ni cesará el dolor de ver partir a un hijo para siempre, y será mayor la tristeza cuando apenas tiene 17 años. Un dolor intenso para Wolfgang Hermann, el escritor austríaco, que apenas comenzaba a disfrutar la presencia cercana de Fabius, criado por su madre durante años en una población distante a la del escritor. No fue fácil esta separación para ellos, pero Wolfgang siempre mantuvo contacto con el pequeño y ahora que su madre le pide tenerlo con él, accede de inmediato. Inicia entonces una vida plena que lo hace sentir útil, vital y cercano a su hijo. La sola presencia de este joven de 16 años lo cambia todo. No quiere perder las horas que está con él reprendiéndolo por su vestimenta desaliñada y sucia, tampoco acosándolo por sus malos resultados académicos en el colegio al que apenas ingresa y trata de adaptarse. Aprovecha, eso sí, su cercanía para compartir un buen tiempo conversando con él, “caminando sobre la nieve, a la sombra del bosque, a la luz de la luna, por las montañas”, saliendo a la playa, escuchando su música y las interpretaciones que hace con su guitarra, y hasta siendo cómplice de su relación con los amigos y con Julia, su primer amor. Y de repente, amanece muerto en su alcoba. Imposible reaccionar ante esta situación. Total negación ante su muerte y completa oscuridad de la que no logra salir.

En su libro, lo vemos muerto en vida en su casa oscura, abatido por el dolor, la soledad y el silencio, en un invierno que no cesa y que ahuyenta todo vestigio de luz, sonido y color. Sin embargo, con el paso de los días y los meses, la presencia cercana de Anna –la madre de Fabius- y de Julia va matizando ese dolor extremo y esas sombras cargadas de penumbra, para irse adaptando lentamente a un cambio. No será fácil para él, pero empezará a oír los cantos de los mirlos, a ver las flores amarillas y los manzanos en flor, y a sentir la fragancia de las lilas y la exuberancia de las frutas. Empezará también su corazón a latir aceleradamente por el reencuentro con Anna y es que siente que han llegado los atardeceres de verano. El paso del tiempo se ha empeñado en eclipsar los dolores y cubrirlos con su propia sombra. Descubre de nuevo el valor de la vida que parece soportable, a pesar de que no cesa ese dolor que siempre será eterno.

Han pasado diez años y solo ahora Wolfgang Herman escribe esta obra, cuando su tristeza es más llevadera porque el frío interno empieza a desaparecer y es más soportable la realidad. Al fin tiene las armas para plasmarla y compartirla con sus lectores. Y lo hace de una manera pausada, profunda y poética. Emplea para ello el lenguaje del amor hacia su hijo perdido, dándole una belleza desgarradora a los 25 fragmentos que ocupan las 106 páginas de esta corta novela. LVV

“Vivimos momentos profundos, tristes y desgarradores, como si recuperáramos una vida entera.
  En efecto, la muerte de Fabius fue también el fin de un largo titubeo entre Ana y yo. 
El lazo que se había roto con su muerte nos unía ahora más estrechamente, 
pues mirába juntos el abismo de los años”.

miércoles, 7 de junio de 2017

CONFESIONES DE UNA MÁSCARA de Yukio Mishima


«Esperaba la muerte como una dulce esperanza»

“No hay nada más lógico que el impulso carnal”

 “¿Puede existir el amor sin que se base en modo alguno en el deseo sexual?”

“La debilidad que mi corazón sentía por la muerte, la noche y la sangre era innegable”

“Al finalizar mi infancia debía interpretar mi papel  en ese escenario sin revelar jamás mi auténtica  forma de ser”


Esta novela autobiográfica, escrita por YUKIO MISHIMA a la edad de 24 años, revela ampliamente sus dotes de escritor y su preferencia sexual por los hombres. Su protagonista que tiene sus primeros recuerdos al lado de sus abuelos es un niño débil y enfermizo que en repetidas ocasiones está al borde de la muerte. Crece deseando disfrazarse de mujer y abrazando el olor a sudor de hombres musculosos y mal vestidos. Llega a la escuela donde es un estudiante tímido e incapaz de sobresalir por sus cualidades físicas, pero muestra su gusto por el compañero más fuerte y seguro hasta el punto de considerarlo su primer amor. Sueña con ver sus genitales, enfrentarse a él en el juego y poseer sus músculos y su valentía para sobresalir. Así, comenzó “a amar la fuerza, la impresión de la sangre caudalosa, la rigidez en el gesto, el habla desaliñada y la salvaje melancolía inherente a la carne totalmente incontaminada por el intelecto”. También se entrega al vicio solitario y con frecuencia sufre de anemia y de infección tuberculosa que le impiden tomar el sol, nadar y llevar una vida normal. A los 15 años, asume un sentimiento de superioridad que no es más que una sensación de incertidumbre e inestabilidad. Sus desesperadas ansias de vivir se ven frustradas por la aparición de la guerra y presume que va a morir joven. Una vez terminada la escuela, ingresa a la universidad a estudiar derecho por decisión de su padre, hecho que no le importó puesto que pensaba que moriría. Cuando tiene 20 años y los estudiantes de la U. participan en la guerra -los más fuertes en fábricas de aviones y los más débiles en trabajos burocráticos- asume este último rol y con frecuencia es enviado a casa por su molesta salud. Al mismo tiempo, conoce algunas chicas, entre ellas Sonoko de quien se siente enamorado, desea verla a cada instante y compartir con ella sus ratos libres. Hace esfuerzos por amarla, sin desearla, ya que sigue soñando con muchachos y sus cuerpos. “Se los imagina desnudos, los ata a una columna, les introduce un cuchillo en su pecho y los gritos y la sangre que emanan lo excitan”. Muchos relatos hace sobre su relación con Sonoko quien será la pieza clave para asumir su verdadera sexualidad. Terminada la contienda de la II Guerra Mundial, hay claridad en su mundo interior y parece llegar el fin a esta batalla.

Con esta confesión, Mishima, uno de los escritores más grandes de la historia del Japón, intenta olvidarse de este joven atormentado por sus deseos y queriendo salir de ese mundo que no es el suyo. Lo enfrenta, exterioriza todos sus temores y aficiones, lo hace firme en sus propósitos y finalmente lo exhibe como el ser que es. Su lucha interna es fuerte; ya no engañará a los demás, ni se engañará a sí mismo. Esa máscara que cubría su apariencia se resquebrajará para dar salida a su mundo interno y a sus instintos homosexuales. Más tarde, en su biografía, lo vemos como un ciudadano bisexual, casado, padre de un hijo y una hija, y con encuentros homosexuales lejos de su país. Llama también la atención ese afán por sobresalir físicamente y lo consigue en su vida adulta cuando se prepara con un régimen estricto de levantamiento de pesas, exagerada actividad física y práctica de las artes marciales. Estos hechos, sumados a sus instintos sádicos, a su atracción por la sangre, por los sufrimientos y la muerte violenta, explican su decisión final de acabar con su vida a los 45 años. Una decisión que preparó con tiempo y de manera meticulosa hasta aplicarse el seppuku o el suicidio ritual de los samuráis. Una historia íntima, cargada de emocionalidad y de fuertes descripciones que, con frecuencia, intentan alejar a lector como sucedió en mi caso. LVV

Kawabata expresó sobre Mishima lo siguiente:
 "No comprendo cómo me han dado el Premio Nobel a mí existiendo Mishima. 
Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. 
Tiene un don casi milagroso para las palabras".

martes, 2 de mayo de 2017

LA CARNE de Rosa Montero


"La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir.  Y el momento justo de la acción es tan confuso, tan resbaladizo y tan efímero que lo desperdicias mirando con aturdimiento alrededor”
“Porque uno de los espejismos más extendidos es el de pensar que nosotros no vamos a ser como los otros viejos, que nosotros seremos diferentes. Pero luego la edad siempre te atrapa y terminas igual de tembloroso, de inestable y babeante”
Los años pasan y de pronto encontramos que aquello que veíamos lejano y ajeno a nosotros se va acercando y volviendo nuestro. Las arrugas, el deterioro de nuestro cuerpo, la falta de rapidez de los movimientos, las enfermedades y hasta el peso de los años van dando una nueva forma a la existencia que antes creíamos eterna o mirábamos sin preocupación. Si a esto añadimos la soledad cargada de temores y la nostalgia por muchas metas no cumplidas se hace más dolorosa la percepción del paso del tiempo. Y más lamentable aún si nos comparamos con quienes apenas emergen al mundo llenos de deseos, de esperanzas y de necesidades; aquellos que sueñan con el amor como el más grande tesoro y se entregan a vivirlo con la mayor sensualidad y el más grande placer. Sin embargo, no podemos negarlo, el amor puede aparecer a las puertas en cualquier momento de la vida del ser humano y por qué no abrirlas. 
Esto sucede en la novela de Rosa Montero, cuyo título es LA CARNE porque da énfasis a la parte física y sexual que domina en las relaciones humanas. Una novela sobre el envejecimiento y el peso de los años que causan grandes pérdidas en el cuerpo y en el alma. Una crítica a la sociedad que rechaza la vejez y la vivencia de ella en una mujer sola. Su protagonista, llamada Soledad Alegre, a sus 60 años se cuestiona su vida e intenta desaforadamente ganarle tiempo a su existencia. No se ha casado ni tiene hijos, pero ha estado dedicada al mundo del arte y prepara una exposición llamada Arte y Locura sobre los escritores malditos en la que se debe enfrentar a otros expositores jóvenes que intentan superarla. Al mismo tiempo, ha terminado una de sus pocas relaciones con un hombre casado y le urge llenar ese vacío con Adam, un joven atractivo de 32 años. ¿Qué ganará en esta nueva aventura marcada por el abismo de los años? ¿Será posible reafirmarse como mujer, hacerse visible y vencer sus temores? ¿Tendrá éxito su proyecto laboral ante los embates de profesionales jóvenes que pisan fuerte y con nuevas tecnologías?

Muchas más preguntas nos hacemos durante esta lectura cargada de ironía y de diversión. También de tristeza porque su personaje central esconde los secretos de una vida familiar temprana que prefiere olvidar, pero que comparte con los lectores. Será entonces la ocasión para entender de manera más clara ese temor al fracaso y esa locura por entregarse a la tiranía del sexo. Soledad se aferra a la ilusión de amar y desear para enmascarar sus frustraciones y compensar así esa maternidad frustrada, esos deseos inagotables de sentirse todavía joven y ese paso del tiempo que la va acercando a la muerte. Muy acertado el tema escogido por esta escritora que decide plasmar sus vivencias sobre un tema cercano a ella y que parece asumir con jovialidad. LVV


“La vida era un paquete de regalos en la vida de un niño, envuelto en papeles de brillantes colores. Pero, cuando se abría, dentro no había nada. Tan breve era la dicha, tan larga la pena”
“Así era la muerte, pensaba Soledad. Se enroscaba en la cama junto a nosotros, pero cada noche nos medía para ver cuándo podía tragarnos”
 “De modo que a ella lo único que le servía para olvidarse de la Parca y del desperdicio de la mezquina vida era el amor” 

martes, 7 de marzo de 2017

UNA SENSACIÓN EXTRAÑA de Orhan Pamuk


“Mientras más conoce a los hombres, más difícil es quererlos”.

“El único antídoto contra la soledad de las calles, eran las mismas calles”.

“Lo que mantiene vivo el amor es el hecho de que sea imposible”.

“Las personas habían sido creadas para ser felices, honestas y francas”.

Pamuk nos sorprende una vez más con la visión de su ciudad cambiante a través de un hombre sencillo y soñador que lucha incansablemente por sobrevivir en medio de innumerables dificultades, Mevlut Karatas. Desde el extremo occidental de Asia aparece nuestro protagonista con deseos de llegar a Estambul y a los 12 años empieza una nueva vida. Reside allí un buen tiempo con su padre y luego, debe enfrentar solo todos los desafíos que ella le ofrece. No será fácil la supervivencia, pero la encara desempeñando el oficio de su progenitor, vendedor de yogur y de boza –una bebida con bajo nivel de alcohol que él mismo prepara-. Realiza otros trabajos que poco le ofrecen, pero siempre tendrá la venta de boza como la mejor manera de ganarse la vida y de enfrentar sus alegrías y temores.

Son incontables las aventuras y sensaciones que nos sorprenden en el largo caminar de Mevlut y muchos los personajes que entran a hacer parte de su mundo. En su mayoría son integrantes de su familia y cada uno tiene la palabra para contarnos en primera persona su visión de los hechos y su relación con Mevlut. Ellos, además de sus clientes y vecinos, terminarán admirando su honradez, su honestidad y su permanente calidez. Así mismo, aparecen dos mujeres de gran importancia en la obra que marcarán para siempre las acciones de Mevlut en distintos momentos de su vida, Rayiha y Sahira. Estarán cerca de su corazón y lo sorprenderán en su diario vivir que no fue fácil, pero que estuvo marcado por su cariño y comprensión. Mientras tanto, él mirará siempre a Estambul con los ojos de su corazón, especialmente ese lugar cargado de chabolas o casas humildes, asiento de los emigrantes y cuna de la gente menos favorecida, ubicado en las colinas cerca del Bósforo y alejado del centro de la ciudad. Sus calles serán testigo de sus interminables caminatas como vendedor nocturno, de su marcado temor a los perros que de inmediato captan su miedo, de su trato amable en los lugares donde es convocado para recibir su bebida, y de su eterna esperanza de hallar compradores de boza, a pesar de los cambios que van dejando atrás los productos no manufacturados. Sueña con volverse rico y es notoria su lucha incansable, pero no logra hacer fortuna. Sin embargo, esto no lo desanima y su mayor interés será siempre conocer la ciudad y vagar por ella, sin afectarle demasiado su crecimiento incesante, el malestar público que se refleja entre sus habitantes, los golpes de estado, las incontables guerras y los conflictos religiosos y políticos que enfrenta Turquía. Será testigo incondicional de la historia de su país, sin dejar su rol de vendedor ambulante porque siempre disfrutará de su trabajo hasta que comprende que caminar estimula su imaginación, así no venda boza, y se siente “como si deambulara por el interior de su propia mente”.

Pamuk nos regala la visión de su ciudad: sus calles, los barrios ricos y pobres, la vida de sus habitantes en sus casas, sus olores y sabores, el paisaje silencioso en las noches, los cementerios, las gaviotas, los gritos, el volumen fuerte de los televisores y la religión con todas sus connotaciones políticas. Esto sin dejar atrás el valor de sus tradiciones especialmente de sus bebidas como la boza y el raki. Además, Pamuk nos ofrece un fuerte contraste entre el sentido del mundo rural y el apego a las tradiciones, frente a la concepción urbanística de la ciudad que progresa y la transformación que da dicha modernidad. En otras palabras, UNA SENSACIÓN EXTRAÑA se capta en esta historia que parece estar atada a un pasado de costumbres entrañables y se niega a abandonar a su autor. También apreciamos en esta obra el valor de la vida humilde cargada de afectos y de compañía en contraste con la soledad que se experimenta cuando solo hay abundancia y belleza. Pamuk nos ofrece una narración magistral caracterizada por el amor, la nostalgia, la bondad y la esperanza. Un deleite leer este libro, de una gran riqueza narrativa pese a sus 620 páginas. L.V.V.


http://www.dw.com/es/orhan-pamuk-una-sensaci%C3%B3n-extra%C3%B1a/av-19110106